Hola a tod@s y bienvenidos a la Barra Libre.

Ya estamos casi en verano hermos@s mi@s y con ello vuelven muchas cosas.

Las terrazas, las cervezas frescas, los tintos con limón, con casera, el “hasta luego” a la ropa de abrigo, las camisetas, los pantalones cortos hasta más allá del ombligo y las chanclas.

Si. Las Fucking Chanclas.

Como sabréis, tengo animadversión a estos artilugios. Me caen mal. Por su ruidíto insoportable, -clac-clac-clac-clac- porque dejan al aire los pies (también sabéis mis frikadas con los pies) y por eso quiero dedicar unas palabras a las Chanclas y a su puñetera Madre Chancluda.

Desde hace años considero que las chanclas van genial para la playa, pero para la ciudad son un inconveniente. Más que nada porque no me cuadran con el pavimento. Se come la suela. Y se te quedan los pies como los de Frodo.

¿Y si tienes prisa, vas corriendo a pillar el Metro o el Tren y ZAS se te cae la chancla al andén?

¿Qué haces en ese periodo de tiempo hasta que se adquieres otro par?

¿Te pones una bolsa de plástico en el pié desnudo?

¿Llamas al jef@ diciendo que por un contratiempo vas a llegar tarde y buscas a quien sea para que te pille un par de chanclas y se pase por donde estás?

¿Te comes la vergüenza y prosigues tu camino con la cabeza alta como si no pasase nada?

Resumiendo. Una PUTADA.

Las chanclas son unas puñeteras. Que mal me caen copón.

Chanclas preciosas

Chanclas “Pal-Instagram”

Gracias, como siempre, por pasaros por la Barra Libre.

(De pensamientos en la línea 2 de Metro. Viendo chanclas por doquier)

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